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El abrazo del terricidio

  • Writer: Blake Bertero
    Blake Bertero
  • Oct 30, 2025
  • 7 min read

Moira Millán la escritura del libro Terricidio, y Ciro Guerra el director de El Abrazo de la Serpiente expresan la experiencia de ser indígena en tierra que es la víctima del extractivismo. La combinación de ambas fuentes produce una visualización de la complejidad de la identidad indígena en respuesta a las fuerzas colonialistas.


Los Títulos 

“El Abrazo de la serpiente” puede ser interpretada de muchas maneras. Principalmente pensamos en la idea de una serpiente como una criatura del peligro. Un abrazo representa ambos una expresión de cuidado y conexión, y una intimidad de presión, poder, fuerza y encarcelación.  La naturaleza de este título refleja la historia de la película porque no recibimos una tesis o una conclusión obvio. La significancia vive en la interpretación. Para las indígenas, los animales son una parte importante y respetable de la Amazonia pero para los conquistadores, las serpientes son amenazas. Los conflictos entre las mentalidades occidentales y las indígenas es algo que me interesa mucho. Vimos en unas escenas el río con su forma sinuosa que marca las dimensiones de la Amazonia más que unos otros. También por la totalidad de la película hay escenas o momentos en el agua que representan transiciones del tiempo y comunidades. Cada temporada refleja un crecimiento de tensión entre los dos mundos. Al fin, no conocimos la realidad del uso de la palabra abrazo, en lugar de eso comprendimos la paradoja entre el extractivismo y la identidad indígena. 

El título Terricidio resuena más allá de lo literal al entrelazar “tierra” y “homicidio” con la idea de genocidio cultural: no solo se asesina el suelo, sino también se busca eliminar, por violencia, desplazamiento y asimilación forzada, las formas de vida, las creencias y las lenguas de los pueblos originarios. Bajo el extractivismo, los misioneros y las empresas coloniales impusieron “a sangre y espada” una visión que fragmentó comunidades, prohibió rituales y desterró a los ancestros de su propia memoria (Gómez 2023). Este genocidio cultural avanzó mano a mano con el despojo de recursos: cada árbol talado y cada mina abierta significó la quiebra de un cosmos entero de saberes y prácticas especialmente en relación con las conexiones entre personas y la naturaleza en la cultura indígena. Al llamar a este proceso terricidio, Moira Millán denuncia esa convergencia de homicidio y genocidio: la destrucción física de la tierra y la aniquilación simbólica de culturas enteras. Y al proponer “una verdadera restauración ontológica de los territorios y una reinvención del humano”, reivindica la urgencia de rehacer —junto con el paisaje— los vínculos culturales, lingüísticos y espirituales que el colonialismo intentó borrar.


Los autores

Millán es una escritora Mapuche y una activista Argentina. Es una weychafe, una protectora en defensa a las tradiciones indígenas de su tierra (“Moira Millán - Art Hub Copenhagen”). Propone armonía con la naturaleza por sus trabajos y publicaciones. Fue nacida por padres de trabajo ferroviario, en la provincia Chubut en el sur de Argentina. Millás es la primera mujer Mapuche que publica una novela, por lo tanto, sus obras abren el mundo a las experiencias de su comunidad. 

Ciro Guerra, es un cineasta colombiana usó los diarios de dos exploradores, Theodor Kock-Grünberg y Richard Evans Schultes (“Los Angeles World Affairs Council › Embrace of the Serpent”). Desde pasando tiempo con la gente Amazonia, se pareció la importancia para crear una protagonista con un voz auténtica en contraste al mainstream y las narrativas occidentales que sobreproducen las relaciones entre los humanos y la tierra. Guerra trabajó con Amazonias no profesionales para traducir los 9 idiomas de la película y la cultura específicamente conectada a la espiritualidad. Esta inclusión es aparente por las escenas específicamente enfocadas en la reacciones y sensaciones de Karamakate, que reflejaron la pena y conflicto interno de la integración y conquista del mundo occidental sobre la Amazonia. 


Idiomas 

Un aspecto fundamental de El Abrazo de la Serpiente es la traducción in situ de múltiples lenguas indígenas, que subraya cómo la prohibición de las “lenguas paganas” fue un instrumento de genocidio cultural tan brutal como el despojo territorial. En las comunidades rurales y nómadas, las tradiciones orales son el vehículo esencial de la conexión intergeneracional y de la transmisión de saberes espirituales. Como señala Millán, “la violencia lingüística ejercida sobre los pueblos para que dejaran de utilizar su lengua… que reflejan la diversidad y vitalidad de las hablantes” (Millán, 2024: 18), rompió ese nexo con los ancestros y vació de sentido las prácticas comunitarias. Descolonizar implica “levantar las nomenclaturas coloniales e iluminar los nombres, los sonidos ancestrales y las identidades lingüísticas con que se referían al mundo y las vidas”; pues al arrebatar a un pueblo su lengua, se le arranca también el corazón de su cosmovisión. Este mecanismo de asimilación forzada, tan presente en la esclavitud haitiana, donde solo sobrevivió el créole, demuestra que sin las palabras desaparecen también los significados y, con ellos, la posibilidad misma de habitar el mundo según una lógica distinta a la colonial.


Mentalidades Individualistas

La ironía radica en que, aunque el discurso occidental exalta al “individuo” como sujeto autónomo, su verdadera fuerza—igual que en las sociedades indígenas—vive en las relaciones comunitarias. Como dice Ciro Guerra al describir la arrogancia de la memoria occidental, “el hombre blanco cree que posee la tierra, cuando en realidad es ella quien lo sostiene a él”; esa frase sintetiza el choque de epistemologías. En la travesía por la Amazonia, la fusión de ambas culturas aparece en el momento en que el explorador pregunta por la planta sagrada y Karamakate le responde con un silencio cargado de saberes ancestrales, revelando que la visión utilitarista ve la tierra y el espíritu como recursos subhumanos, mientras que para él (y para Millán) “nuestra territorialidad y nuestra corporalidad están ensambladas, unidas en ese círculo de la vida” (Millán, 2024: 30). Esa escena rompe la ilusión de fusión pacífica: aunque adoptan ciertos instrumentos occidentales, las comunidades indígenas mantienen un vínculo extraterrestre con el territorio, frente a unas fronteras y documentos que en Europa significan propiedad. Donde Occidente impone control y dominación, la Amazonia persiste enfocada en la prosperidad colectiva y el respeto al ambiente, evidenciando que la verdadera poderosa “autoridad” reside en la interdependencia y no en el dominio.


Hipocresía de la conquista

Donde el hombre blanco vislumbra “espacio para conquista y autoridad”, las potencias coloniales buscaban desarticular los esfuerzos indígenas a través de la asimilación forzada. Al “descubrir” estas comunidades, los europeos articularon religión, cultura y trabajo como instrumentos de control, manteniendo así la falacia de su propia superioridad civilizatoria. Bajo esa lógica utilitarista, cada elemento de la cultura nativa podía ser aprendido o sustraído para beneficio del colonizador, sin revelar jamás las verdaderas intenciones de dominación. La brújula, emblema del poder occidental, simboliza esa orientación hacia el saqueo: no sirve al pueblo, sino a quien lo explota. Como denuncia Millán, con la invasión del territorio y la conquista para recursos, “impusieron a sangre y espada una sola visión, una mera hegemónica de construir sociedad supremacista, taxista, patriarcal y antropocéntrica” (Millán, 2024: 50). En El abrazo de la serpiente esa exclusión se disfraza de “protección” y “preservación”, cuando en realidad es un intento de legitimar la destrucción y perpetuar la ilusión colonizadora.


Salvación y memoria

En esta imagen, vemos un regreso de Karamakate al sitio de la conquista temprana. Cambiamos entre este momento para reflejar la realidad de su pasado de destrucción. Perdió su comunidad en unos ataques y ahora esta tierra está ocupada totalmente. La realidad de esta escena es una división entre el agua, la manera del transporte y también de exploración. En contraste con la ropa de nuestra protagonista, vimos a los niños totalmente cubiertos con unas túnicas blancas. Para unos esta imagen está idealizada como un jardín de edén. La sensación de pureza, de virtud existe para interrumpir la naturaleza. Donde las prácticas indígenas de Karamakate usan las conexiones entre vida y ambiente, los misioneros directamente separan a los niños de este tipo de conexión. Por esta estructura están en control de los poderes del universo como un instrumento de control y fuerza. Esta escena despierta la puerta como espacio liminal. Representa la transición a la iglesia, a la modernidad, y a la salvación. 


El lavado de cerebro

Este pasaje de El abrazo de la serpiente muestra cómo la manipulación de la “comunidad” se convierte en herramienta de propaganda colonial. Al reunir a los niños, gemelos en cabello, túnicas y gestos, ante el misionero, se crea la ilusión de un cuerpo social “armonioso” bajo la autoridad blanca. Pero esa aparente unidad busca precisamente lo contrario: al homogeneizar a las nuevas generaciones, se anula cualquier semilla de rebeldía. Como afirma Millán, “la lucha siempre ha sido asimétrica. El invasor tiene todo el poder militar, económico, político y cultural” (Millán, 2024: 53). Privados de su idioma, sus rituales y su autonomía, estos niños quedan “encarcelados” en un sistema de control psicológico: el miedo al castigo y la promesa de protección refuerzan una obediencia que no necesita soldados, sino la cooptación de los mismos mecanismos de solidaridad comunitaria. Este modelo de conquista, restringir la cultura interna para prevenir la resistencia, ha sido recurrente en la historia colonial: al infiltrar la mentalidad occidental en la infancia, el colonizador asegura que la dominación perdure sin desplegar ejércitos, pues basta con quebrar el vínculo intergeneracional y convertir la escuela y la iglesia en instrumentos de una “infestación” cultural que neutraliza todo brote de disidencia.

En conjunto, Terricidio de Moira Millán y El abrazo de la serpiente de Ciro Guerra articulan una poderosa denuncia del extractivismo como proyecto de despojo físico y cultural. Ambos títulos,“terrícidio” y “abrazo”,fun­gen como metáforas de la violencia sistemática que aniquila territorios, lenguas, memorias y cuerpos indígenas bajo la pretensión de civilizar y explotar. Al mostrar la traducción de lenguas ancestrales, la manipulación de la infancia y la usurpación de los vínculos comunitarios, estas obras revelan el carácter genocida de la conquista, que no necesita ejércitos cuando logra infiltrar los propios lazos de solidaridad. Pero también señalan la potencia de la resistencia: la restitución ontológica de la tierra, el resurgir de las nomenclaturas originarias y el mantenimiento del “círculo de la vida” son actos de rehabilitación cultural y política. Solo reconociendo la interdependencia entre humanos, territorios y cosmologías podremos desarticular la herencia colonial y abrir paso a formas de coexistencia basadas en el respeto, la reciprocidad y la reinvención de lo humano.

Para aprender a relacionarnos respetuosamente con las culturas indígenas, debemos primero reconocer la historicidad de su silencio forzado y luego aprovechar las herramientas de nuestro tiempo para devolverles la palabra. Aunque durante siglos no existieron recursos —ni financiamiento, ni políticas— para preservar sus idiomas y saberes, hoy Internet ofrece plataformas de bajo costo donde las comunidades pueden grabar su propia oralidad, publicar glosarios colaborativos y conectar con aliados globales. Las redes sociales y los espacios de código abierto facilitan la creación de contenidos educativos bilingües, mientras que el fortalecimiento político de los movimientos indígenas y de otras minorías vulnerables impulsa fondos y proyectos de base comunitaria. Así, la recuperación de las lenguas ya no depende únicamente de ONGs o universidades externas, sino de un proceso horizontal en que las voces originarias definen sus prioridades y modos de transmisión, validando sus cosmologías y reconstruyendo el tejido cultural desde dentro.


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